jueves, 20 de noviembre de 2014

Violencia en las aulas

Saturno devorando a su hijo (1819-23), por Goya (1746-1828)

Simplemente, ¿por qué ? ¿Por qué se agrede al profesor? ¿Por qué narices se pegan chavales que no llegan a los 18? ¿Ha fallado la educación que se les da o es que no se le pone freno a las personalidades agresivas?

Se pretende dejar en manos del profesorado toda la educación. Los maestros están para darnos una amplia base cultural, para abrirnos al mundo, nos ofrecen cantidad de materias e información para formarnos intelectualmente y nos ayudan a construir nuestros esquemas mentales propios a través de las lecturas. En fin, nos abren las puertas culturales de la sociedad. Pero la educación que nos brinda el entorno familiar (el saber comportarse y relacionarse, el respetar al prójimo, etc.) y cómo tratar a la gente es algo que se presupone que viene dado por el entorno familiar. Ellos, los maestros, nos ayudan a mejorar todo esto, sí; pero no están obligados a brindarnos tal aprendizaje. Sin él, lo mínimo que seremos es una persona incapaz de estar en público por su falta de sensibilidad social. De ahí a la violencia, hay un paso.

Sí que es verdad que hay personas que son por naturaleza violentas. Otras tantas han aprendido que la violencia es desgraciadamente algo normal por culpa de sus experiencias personales desde pequeños. Que la escuela es una oportunidad para salir de esas espirales, también. Un niño no es jamás malvado, solamente ha recibido una mala educación en su hogar. Lamentablemente, no hay demasiado autocrítica por parte de los progenitores de estas criaturas. La culpa es de los demás, no nuestra, no del chiquillo en cuestión. Y lo pagan con quien intenta echar un cable para que estas personitas lleguen a ser personas hechas y derechas.

Por eso hay, lamentablemente, violencia en las aulas. Y hay que cortar por lo sano, empezar a educar bien en todos los aspectos a la gente.

domingo, 16 de noviembre de 2014

Dibujar ciudades con palabras

Bazaar (1910), por Ivan Silych Goryuskin-Sorokopudov (1873-1954)


Paul Auster reflexionó sobre el devenir cotidiano de las gentes de Nueva York, el paso monótono del tiempo y el yo a través de las desventuras del poeta fracasado Daniel Quinn en Ciudad de cristal (1985). El poeta vasco Karmelo C. Iribarren narra sus experiencias personales y nos ofrece su punto de vista acerca de la vida a través de su antología titulada La ciudad (2008). Como trasfondo, de nuevo la metrópolis. Igualmente, Raymond Carver, Charles Baudelaire, Mario Benedetti, Haruki Murakami y un largo etcétera de escritores y poetas han dedicado parte de su obra (si no en su totalidad) a la construcción de escenarios basados en las metrópolis.

Dibujar ciudades con palabras para enmarcar historias, reflexiones, ideologías. Críticas sociales, construcciones artísticas. Las calles, avenidas, parques, plazas... para llenarlas con voces anónimas que cuentan vidas que tal vez existieron o tal vez no. No es bucólica la urbe dicen, porque la contraponen con la vida pastoral, el campo, el mundo rural y su ilimitada paciencia y calma. Reivindico también para las metrópolis su punto bucólico, porque a pesar de su vida acelerada y desenfrenada podemos encontrar la paz y la quietud si tenemos tiempo para dar con ellos. También la defiendo por acumular la acción, los cambios, el movimiento constante. Las ciudades son la confluencia de millones de perspectivas.

La ciudad ha jugado, desde sus albores, un papel fundamental en la organización y el desarrollo humano. Si bien, como he señalado, hay dos predisposiciones acerca de lo que son y lo que significan para nuestra especie, éstas no han variado (o casi) a lo largo de los milenios. La historia de las metrópolis es un tema largo, extenso e intenso, igualmente interesante desde todos los puntos de vista. Y el literario no se queda atrás. Recuerdo la gran premisa de Aristóteles: el hombre es un animal político. Y como animal político, necesita movimiento, acción, interacción. ¿Qué lugar mejor que en los rincones de una ciudad?

Escribir sobre las metrópolis es, por tanto, un reflejo de nuestras inquietudes.

viernes, 14 de noviembre de 2014

Una pequeña reflexión

Jester with a Lute (c.1624-1626), por Frans Hals (1580/85-1666)

Mi amiga la cazadora de mentes ha escrito una entrada en su blog sobre los cambios personales a lo largo del tiempo. No tiene desperdicio alguno, por lo que os recomiendo que lo leáis (1).


Recogiendo la idea de Heráclito, ella defiende precisamente la variabilidad del espíritu humano a lo largo del tiempo. Las emociones, los pensamientos y las experiencias modifican substancialmente nuestra personalidad, afirma. Y es del todo cierto. ¿Cómo se explicarían, entonces, el devenir de muchos sucesos históricos?

El ser humano tiene derecho y la obligación de acertar y equivocarse, de vivir las cosas, experimentar y recibir animosamente los retos y cambios que se le presentan a lo largo de su existencia. Es la poética del mundo. Y el principal motivo por el cual merece estar vivo es precisamente el cambio, como apunta mi amiga.

Ambas entradas pretenden ser un recordatorio de la volubilidad de las personas. No es ni positivo ni negativo, es un hecho que se da y es necesario. Mis palabras son más que obvias. No he descubierto, claro, que la tierra es redonda, pero me gustaría recalcar este proceso, defenderlo. Animar a la gente a analizarse. ¿Soy el mismo que hace un año? ¿Seré el mismo de aquí al que viene? No. Y para eso trabajo, para ver los resultados del cambio, de la evolución personal.

(1) "Las personas cambian" (blog Todo recto hasta el amanecer, entrada del 27 de octubre del 2014)

jueves, 13 de noviembre de 2014

De grafittis


El cacharrero (1779), per Francisco de Goya (1746-1828)  




Una vegada més, l'art urbà es ressent davant les prohibicions. En aquest cas, amagades sota la burocràcia. Així ho reflexa un article de El Punt Avui (1).

Hi ha el debat intens sobre si el món del graffiti és o no legal; si més no, està enmig, com moltes altres coses en la nostra societat actual. És un delicte si aquestes representacions artístiques no són consentides. Però ens enfrontem a la bellesa de les obres en qüestió: per sort, molts murals són la mostra d'un treball intens i desinteressat de l'artista. Estètica o legalitat?

Tenim, precisament, el problema de que aquesta gent es troba, en molts cops, davant de murs i parets en un estat deplorable que són de propietat o bé pública (murs de les rieres, espais a l'aire lliure com parcs, etc.) o bé privada (tota mena d'edificis de d'habitatge o d'oficines). Sense esperar autorització de cap mena, es posen a treballar. Per amor a l'art al llarg dels dies. És el pilar central del debat. Els que defensem aquest tipus d'art posem per davant aquest fet: desinterès, treball, art, bellesa... enfront dels qui, llei en mà, veuen el graffiti com un atac a la propietat privada.

Optem, senyors, per un terme mitjà! Tal i com ja va fer Barcelona l'any 2012, cedint llocs especials per al desenvolupament d'aquest art (2). Ampliant, es clar, aquest projecte per tal d'assegurar als graffiters que no entraran en conflicte amb els propietaris de cada lloc on van i, alhora, fer de cada ciutat un lloc més pròsper visualment parlant.



(1) "Pagar per fer art a Badalona" (diari El Punt Avui, noticia del 12 de novembre del 2014)
(2) "S'inauguren els Murs Lliures, un espai molt demanat pels grafiters de la ciutat" (portal de BTV, noticia del 28 d'octubre del 2012)

martes, 11 de noviembre de 2014

Frases de amor vs Internet

Oscar Wilde (Dublín, Irlanda, 1854- París, Francia, 1900)


"El amor ya no está de moda. Los poetas lo han matado.", Oscar Wilde en El cohete conspicuo.

Poemas de amor plagan actualmente las redes sociales. Versos repetidos hasta la saciedad en carteles (imagen+texto). Carteles muchas veces de dudosa calidad que no citan al autor, y, cuando lo hacen, suelen estar mal (problema de las atribuciones).

Todos llevamos un poeta dentro, es verdad. También es cierto que todo (o casi todo) lo que el ser humano puede llegar a expresar está dicho. Pero a uno le gustaría encontrar calidad en cada cosa escrita. O al menos, en el caso que nos atañe, bien documentada. Llega casi a la indignación el encontrarse estupendas frases de amor que algún genio de la literatura publicó y que se distribuyan de manera anónima para que el sujeto que las publica en Internet alardee de creatividad y potencia poética. Igualmente con referencias inexactas. Resulta ser que unos intensos versos los han escrito más de dos o tres autores al mismo tiempo.

Queridos creadores de carteles, os ruego que hagáis las cosas mínimamente bien, por favor. La poesía ya está tocada como para que encima ayudéis a la pérdida de calidad. Gracias.

jueves, 6 de noviembre de 2014

Cuadernos de ejercicios literarios

Au Moulin de la Galette (1892), cuadro de Ramón Casas (1866-1932)

Siguiendo la tónica de la entrada anterior, quisiera hablar esta vez de los cuadernos de ejercicios en la literatura. Más borradores, si cabe. Una continuación de lo hablado anteriormente.

Hay una necesidad constante, como es bien sabido, por constatar el paso del tiempo, narrar las experiencias propias, explicar los esquemas mentales de uno mismo. Dejar constancia, en definitiva, de nuestra existencia. Algunos responden a ella escribiendo.

El ejercicio literario es, como el borrador, una buena herramienta para expresar con claridad el cúmulo de ideas y palabras que circulan libremente por nuestra cabeza. Es el camino que nos lleva a plasmar correctamente lo que pensamos.

Soy de la opinión, compartida por mucha gente, que para saber escribir bien es necesario previamente leer, si puede ser con regularidad. Me es difícil creer, asimismo, que quien es capaz de crear textos de calidad no devoren libros con asiduidad. Tendrá que ver esta concepción, quizá, con el gran avance educacional que supone el enseñar ambas cosas al mismo tiempo. Educar es, por tanto, un pilar fundamental en el juego de la escritura.

Los cuadernos de ejercicios son, aparte, reflejo del autor, como los borradores. Son trozos pequeños de alma, frascos de ideas e ideología. Al leerlos, encontramos una de las tantas expresiones que cualquier escritor nos deja, tanto voluntaria como involuntariamente. Son guías que nos permiten seguir el rastro del camino del artista.

Un cuaderno es un borrador también. Las sombras y las raíces de una gran obra.

martes, 4 de noviembre de 2014

Borradores

Paisaje egipcio (1883), por Carlos de Haes (1826-1898)

Cientos de miles de palabras escritas en cualquier rincón y olvidadas en el espacio y el tiempo para ser, algún día, recuperadas por el propio autor o por cualquier otra persona. El oficio de novelista, ensayista y poeta genera documentación suficiente como para desechar argumentos y desarrollos de una idea concreta. ¿Qué sería de la literatura sin esas toneladas de pequeños mundos sin acabar?

Siempre reciclamos. Reutilizamos. Reinventamos. Crear y recrear. Un ciclo tras otro. Los borradores son el recuerdo del paso del tiempo y de experiencias a medio hacer. Por eso son tan importantes: son pequeños puentes hasta el resultado final de cualquier cosa. El texto, la historia, el poema siempre puede esperar. El proceso es lo importante. A veces prima la intensidad antes que la cantidad.

¿Qué es un borrador, sino un alma sin un cuerpo definido? ¿Qué es un escritor sin sus borradores? Gracias a estos ejercicios, lo bello y sublime es capaz de nacer.